Nuestra historia
En lo más alto de la Argentina, como la punta de un enorme iceberg, se encuentra la provincia de Jujuy. Su forma de bota de gaucho hace que la podamos encontrar fácilmente en el mapa. Es uno de los pocos lugares del mundo donde se disfruta de todos los climas, excepto del agua salada. En Jujuy los mares no son de agua sino solo de sal, las montañas se levantan impregnadas con más de 14 colores y los valles y ríos son tan extensos que cuesta saber dónde empiezan porque se mezclan con la raya del horizonte. Un horizonte que no conoce el límite entre el cielo y la tierra.
Destino: Jujuy
Es acá, con este paisaje envidiable, donde MODULAR empezó a soñar en transformar una plantilla, una cuadrícula o una maqueta en un mueble de diseño. Así, sin límites y con ilusiones infinitas Laura y Juan armaron un equipo, no sólo en lo personal sino también en lo profesional para darle forma a sus proyectos locos.

Aunque parezca extraño, para Juan nada era nuevo… puesto que en su casa también se dedicaron a la construcción y al diseño… mientras Laura, en su infancia, jugaba en los aserraderos, Juan caminaba las obras con su padre y abuelo, un italiano aventurero que con 13 años aprendió el oficio de maestro mayor de obras en Buenos Aires.
Más tarde, ya en Catamarca, su hijo, ingeniero, se consagró como uno de los principales constructores de la zona y, en ese ambiente, creció Juan, de la mano de su papá, sabiendo que también leste rubro pintaría su futuro.
Con semejantes antecedentes, está claro que el diseño se paseaba por las venas de lo que muy pronto sería modular.
Los primeros pasos son los más importantes porque son los que van a definir la trayectoria profesional de cualquier emprendimiento. No iba a ser fácil. Había que ponerse las pilas para comenzar a fabricar los muebles y mostrarlos a la sociedad.
Al principio los dos hacían todo pero con el tiempo se dieron cuenta que era más fácil dividir un poco las aguas. Laura pondría la mayor parte de las horas al diseño mientras que Juan se ocuparía del taller. No había techo. No había límites.
Y con el esfuerzo del día a día, construyeron lo que hoy es modular. Una empresa donde la pasión está en el detalle, donde los desafíos son los principales protagonistas para terminar creando un mueble especial, adaptado a las necesidades y al estilo de cada cliente. Donde nunca dos muebles fueron iguales.

